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El Corán: Palabra de Al-lâh, fuente de conocimiento y de acción,Parte 7 FINAL.

 
Después de la shahâda, la fórmula más importante y frecuente es bismillâh ar-Rahmân ar-Rahîm, que suele traducirse“en el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso”, pero que también podría traducirse“en el nombre de Dios, infinitamente Bueno y eternamente Clemente”.La fórmula empieza con el nombre Allâh seguido de los dos nombre de Dios ar-Rahmân y ar-Rahîm, ambos derivados de la misma raíz rahama. Sin embargo, estos dos nombres se refieren a dos aspectos diferentes de la Misericordia Divina. Ar-Rahmân es el aspecto transcendente de la Misericordia Divina.
Es una misericordia que, al igual que el Cielo, envuelve y contiene todas las cosas. Si Dios no tuviera esta misericordia universal, nunca hubiera creado el mundo. Y es mediante Su misericordia, mediante el“Hálito del Compasivo” (nafas ar-Rahmân), como ha creado el mundo. Por eso la creación es buena, como también se afirma en la Biblia. El mundo mismo de la creación no es malo como mantuvieron ciertas escuelas, como los maniqueos. En cuanto a ar-Rahîm, es la misericordia inmanente de Dios. Es como un rayo de luz que brilla en nuestro corazón afectando las vidas individuales y los sucesos particulares. Las dos cualidades, combinadas, expresan la totalidad de la Misericordia Divina, que nos envuelve desde fuera y que brilla desde dentro de nuestro ser.
Esta fórmula, la basmala, encabeza cada capítulo del Corán excepto uno, que en realidad es la continuación del capítulo anterior. También encabeza la sûrat al-fâtiha, el primer capítulo del Corán, que se recita una y otra vez en las oraciones canónicas diarias, y que contiene la esencia del mensaje coránico. Este capítulo expresa la relación primordial entre Dios y el hombre. Consta de siete versículos: tres referidos a Dios, tres al hombre y uno a la relación entre ambos. Al recitar estos versículos, el hombre se alza en su estado primordial ante Dios, y eleva su plegaria en nombre de todas las criaturas y para todas las criaturas. Por eso todos sus verbos están en la primera persona del plural y no del singular. Es la plegaria del hombre como centro consciente de toda la creación ante el Creador y, como tal, contiene simbólicamente el mensaje total del Corán.
La basmala empieza la sûrat al-fâtiha y, por lo tanto, todo el Corán. Así pues, viene al principio del mensaje profético, el cual es revelado a causa de la misericordia de Dios para con los hombres. En referencia al sentido interior de esta fórmula dijo ‘Alî, el representante por excelencia del esoterismo en el Islam, que“el Corán entero está contenido en la sûrat al-fâtiha, toda la sûra está contenida en la basmala, toda la basmala en la letra bâ’ con la que empieza, toda la letra bâ’ en el punto diacrítico que tiene debajo, y yo soy ese punto diacrítico.”
El bello simbolismo indicado en estas palabras se refiere a la“identidad suprema”de ‘Alî como santo perfecto que interiormente está en unión con Dios. Este punto con el que empieza la basmala es, según otro hadiz, la primera gota del Cálamo Divino. De esta manera señala el comienzo de las cosas, igual que es también el comienzo del Corán. Al igual que el punto que genera todo el espacio geométrico, este punto es el símbolo del Origen de toda creación, ya que la basmala misma señala el comienzo de las cosas. Su recitación al principio de una acción relaciona esa acción con Dios y la santifica. Aunque no todos los musulmanes sean conscientes de todas las implicaciones metafísicas de esta fórmula, sin embargo todos conocen y sienten su poder santificador, y por eso cada acto necesario y legítimo en la vida debería empezar con la basmala, como el tomar una comida o al emprender un viaje. De hecho, cuando un musulmán devoto no puede pronunciar esta fórmula al principio de una acción, esta acción es ilícita. En cualquier otro caso, todo lo que es aceptable a los ojos de Dios puede santificarse con ella. Mediante la basmala, la bendición y el gozo divino entra en la vida humana para bendecirla y santificarla.
La segunda shahâda, Muhammadun rasûl Allâh, “Muhammad es el mensajero de Dios”, está estrechamente conectada con el sentido de la basmala y, de nuevo, expresa la misericordia de Dios hacia el mundo, ya que el Profeta es una misericordia para este mundo y el próximo (rahmat Allâh li-l-‘âlamîn). Es la misericordia de Dios para todos los mundos y con su ayuda el hombre puede llevar una vida de felicidad aquí abajo y de beatitud en la vida futura. La segunda shahâda es el complemento de la primera. La primera niega toda alteridad frente a Dios, y la segunda afirma que todo lo que es positivo en la creación, cuyo símbolo es Muhammad (la paz sea con él) viene de Dios.
Alhamdulillâh,“¡alabado sea Dios!”, que tanto se usa en el habla diaria en el mundo musulmán, es el complemento de la basmala. Termina una acción como la basmala la empieza. Al-hamd,“la alabanza”, integra el contenido positivo de cada acción en su Origen Divino y hace al hombre consciente de que cualquier bien que haya hecho procede de Dios y vuelve a Él. Esta fórmula tampoco puede repetirse salvo después de una acción que agrade a Dios y que deje una huella positiva en el alma, e igualmente es el criterio del valor espiritual de una acción.
La fórmula Allâhu akbar, que se repite durante la llamada a la oración y que también marca las diferentes fases de las oraciones canónicas diarias, es semejante a la primera shahâda y, en cierto sentido, la está comentando. Significa no sólo que“Dios es grande”, sino que, al estar en la forma comparativa y, a la vez, superlativa, que normalmente no se distinguen una de la otra en árabe, da a entender que es más grande y también el más grande. Fundamentalmente significa que, se diga lo que se diga de Dios, Él lo transciende y es mayor que eso. Así pues, es una manera de afirmar la naturaleza infinita de Dios que transciende todas las formulaciones y descripciones que, con sus limitaciones, se quieran hacer de Él. En la vida diaria, la fórmula Allâhu akbar indica también la insignificancia de lo humano ante lo Divino, la debilidad de la fuerza humana más poderosa ante la Omnipotencia Divina y la conmoción que siente el corazón del musulmán a la vista de las maravillas de la creación y de la vida humana que revelan esta Omnipotencia.
Finalmente, entre las fórmulas más habituales están in shâ’ Allâh y mâ shâ’ Allâh,“si Dios quiere” y “lo que Dios ha querido”, que se oyen tan a menudo en el lenguaje diario. La primera se refiere al futuro y expresa la confianza humana en la Voluntad de Dios y el darse cuenta de que nada puede conseguirse sin Su Voluntad. Por supuesto, esta fórmula y la actitud que la acompaña se aplican a aquel aspecto de la realidad que está relacionado con nuestro libre albedrío, no a aquel que se deriva del determinismo. No decimos que, in shâ’ Allâh, el tres sigue al dos o el lunes viene después del domingo. Repetimos esta frase referida a sucesos futuros que, por mucho que se esfuerce el hombre, no hay seguridad de que puedan tener lugar salvo con el acuerdo y el auxilio de Dios. Por mucho que hagamos planes no sabemos si mañana estaremos aquí o en otra parte, o si estaremos en el mismo estado que ahora, y así no hacemos planes ni actuamos sino con plena conciencia de que esta acción depende de la Voluntad de Dios, esa Voluntad que transciende infinitamente la nuestra. En cuanto a mâ shâ’ Allâh, esta fórmula viene al final de una acción y vuelve a recordarnos que, en definitiva, cualquier cosa que ocurra viene de Dios, y que cualquier cosa que tenga lugar no se da por el solo esfuerzo humano sino mediante la Voluntad de Dios.
Por supuesto, hay otras fórmulas, en su mayoría extraídas del Corán y a veces del Hadiz, que en realidad es un comentario del Texto Sagrado, con las que se confecciona el tejido de la vida del musulmán. Estas frases son medios con los que se recuerda a Dios en la vida diaria, al hablar y conversar habitualmente. A través de estas frases coránicas la vida del hombre, que está dispersa en la multiplicidad, se integra mediante un hilo de “recuerdo” que la atraviesa. La existencia misma de estas fórmulas en la vida diaria nos recuerda la presencia continua del Corán y su mensaje en la vida del musulmán.
En resumen, pues, puede decirse que el Corán es tanto una fuente de leyes que guían la vida práctica del hombre como una fuente de conocimiento que inspira sus afanes intelectuales. Es un universo en cuyo molde se funde el entorno natural y social del hombre, un universo que determina la vida del alma humana, su nacimiento, realización, muerte y destino final más allá de este mundo. En este sentido es la teofanía central del Islam; una teofanía que nunca habría llegado a los hombres y que nunca habría sido entendida si no fuera por aquel que fue escogido para transmitírsela y comentársela a los hombres. En cierta ocasión le preguntaron al Profeta cómo podrían recordarlo y cómo podrían conocer la naturaleza de su alma las generaciones posteriores. Respondió:“Leyendo el Corán.”Y es al estudiar la vida, las enseñanzas y el significado del Profeta como puede entenderse el sentido pleno del mensaje del Islam tal y como está contenido en el Corán. Notas: 1 Traducción inglesa de Arberry, Londres, 1961, pp. 236–237. 2 Es decir, Avicena. (Nota del Tr.)
 
 
Aleya del día
 “Ciertamente la primera Casa erigida para los hombres es la de Bakkah [la Ka ‘bah], en ella hay bendición y guía para la humanidad”. (Corán 3:96)
Palabra del día
Abu Hamza Thumali, ha transmitido un hadiz del Quinto Imam (P), quien dijo que aquel que rezara 100 ciclos de oración (raka'as) en la Mezquita de Khif en Mina, antes de que parta de allí; será recompensado con el equivalente a haber hecho actos de devoción durante 70  años. Aquel quien recitara "Subhanallah" , en la Mezquita 100 veces, será recompensado como si hubiera liberado a un esclavo. Quien recitara allí, "La Ilaha Illalah" 100 veces, sería recompensado con el equivalente de haber salvado una vida. Quien recitara allí: "Alhamdulillah" 100 veces, sería recompensado con el equivalente de haber dado en caridad, los ingresos de 2 Iraks.